El año pasado a muchos peruanos nos sorprendió la nominación de Mario Vargas Llosa como premio Nobel de Literatura 2010. Sin duda, fue una noticia muy importante para muchos peruanos y lo seguirá siendo. Inclusive muchos de sus detractores lo felicitaron, como Gabriel García Marquez y otros adversarios políticos.
Particularmente, no me gusta atribuirme los triunfos de otros como míos, por eso cuando escuchaba a muchas personas decir en voz alta‘’ ¡este triunfo es nuestro ¡’’ ‘’ El Perú ha triunfado!’’, ‘’ ¡ Grande Mario!’’, entre otros. Me preguntaba para mi mismo ¿Por qué nos atribuimos ese triunfo como nuestro? ¿Acaso nosotros nos esforzamos por escribir? ¿Es un premio Peruano? ¿Acaso siempre se le ha apoyado a Vargas Llosa? Pues no, sino basta recordar cuando en 1990 postulo para ser presidente (después de un desastroso gobierno de Alán García) y muchos de los que ahora ‘’se sienten orgullosos de él’’ le dieron la espalda en ese momento.Seguramente, no estoy teniendo en cuenta el país tiene derecho a madurar y que sus ciudadanos tienen derecho a cambiar de ideas, pensamiento e ideología (seguro muchos de los votantes de aquel entonces se arrepentirán de haber elegido al dictador Alberto Fujimori como presidente en vez que a Vargas Llosa. Los entiendo, si yo estuviese en su caso, lo estaría) Pero algo que si es una costumbre en el país es subirse al coche del triunfo de los demás y atribuirnos esos triunfos como ‘’nuestros’’.
Particularmente, concuerdo con las personas que siempre mantienen sus ideas en pie y firmemente como Cesar Hildebrandt , quien en una de sus columnas pone en duda su premiación como Premio Nobel, Jaime Bayli, Evo Morales, entre otros. Ahora no es que estos personajes sean de mi entera simpatía, sino que ellos, ya sea por envidias, celos u otras razones, mantienen sus puntos de vista sobre una determinada persona, y, al contrario de los demás, no se atribuyen el triunfo como suyo.
Inclusive el presidente Alan García también felicitó al premio Nobel Peruano calificándolo como ‘’ un gran escritor’’. Sin embargo, cabe destacar que a el ahora presidente de la República se le acuso de una presunta guerra sucia en la etapa previa a las elecciones de 1990 contra Mario Vargas Llosa y las puyas y adjetivos corrían entre ambos personajes. Pero, como digo, el país y sus ciudadanos tienen el derecho de cambiar su pensamiento e ideas y ambos personajes ya habrán limado asperezas en su momento.
Gracias a la entrega del Premio Nobel de Literatura 2010 por parte de la Academia Sueca ahora todos quieren a Mario y lo admiran, lo aman, es su modelo a seguir, compran sus libros, polos, lo colocan como fondo de pantalla, foto de perfil y todo lo que puedan tener de él. Ahora, quiero dejar en claro que no está mal alegrarse por el triunfo de un compatriota, al contrario, está muy bien; pero atribuirlo como nuestro sin haber hecho mayor esfuerzo, si lo considero grave. En todo caso, los que tendrían derecho a atribuirse el premio serían su familia y su entorno más cercanos que siempre han estado con él en las buenas y en las malas